
Mn. Joan Carles Montserrat
El Martinet de septiembre, fiel a su cita, acude a nuestras manos. Abrimos las puertas a un nuevo curso. Siempre que comenzamos un nuevo curso salimos del descanso del verano para reemprender con un corazón renovado todo lo que nos conduce al Señor y las actividades que conforman nuestra vida comunitaria.
Hoy debemos saludar este recién estrenado año Sacerdotal con el que nos ha obsequiado el Santo Padre. En un mundo donde la Institución del Sacerdocio (especialmente el católico) es poco o nada valorado, nosotros volvemos nuestra mirada a Dios, que ha querido darnos pastores según su Corazón. Pero incluso en ello, debemos no acostumbrarnos. En primer lugar debemos tener muy clara la identidad del sacerdote. Qué hermosas palabras nos dejó el Papa Juan Pablo II en su primer viaje a España, en Valencia, al ordenar 141 sacerdotes: LITURGOS, PASTORES, MAESTROS, SIN DEJAR DE SER COMO CRISTO: HERMANOS Y AMIGOS.
Así, el Papa nos dejó en esta homilía un verdadero tratado del sacerdocio. Hace 28 años nos regalaba una homilía que hoy tiene plena vigencia para nosotros. Y el Santo Padre, el Papa Benedicto, nos invita a seguirlo con la figura del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney. El sacerdote que se gastó y se desgastó por su rebaño, a imitación de San Pablo, pero a diferencia de éste, desde un lugar pequeño y humilde, con tan solo unos cientos de feligreses, a los que consiguió atraer al Señor con su bondad y con su celo sacerdotal, no exento de una firme exigencia y una honda misericordia. Este buen pastor, San Juan Maria Vianney, no tuvo grandes cargos pastorales, ni siquiera títulos académicos, pero sus fieles decían de él: Hemos visto a Dios en un hombre. Horas y horas de confesionario, visitas a los enfermos, consejos, sacrificio por sus feligreses, sufrimiento por sus pecados, correcciones constantes y no siempre bien entendidas…
Aun sin tener los títulos humanos, logró los más importantes: la santidad. Se cumplió en él lo que nos dice el Apóstol San Pedro: cuando aparezca el supremo Pastor, recibirá la corona inmarcesible de la gloria.
En nuestro mundo actual son necesarios buenos y santos sacerdotes. Pidamos por esta intención constantemente. Cuántas personas buenas se dedican más a eso que al inútil “deporte” de andar juzgando o comparando entre sí a los sacerdotes que conocen. Es lo que realmente hace Iglesia. Hace el sacerdocio amable a los hijos, posible el don de la vocación en la propia familia. ¿Y si mi hijo o nieto fuese sacerdote? Si respondo con la negativa u objeción es que quizá no entiendo este don de Dios al mundo y a su Iglesia. ¿Pido al Señor por nuestro seminario diocesano de San Juan Bautista de Valldoreix? ¿Me sacrifico por mis sacerdotes, comenzando por el Obispo?
Dios ha regalado a nuestra diócesis un seminario que tiene tan solo 3 años. Pero está lleno de seminaristas, y hemos tenido seminarista en nuestra parroquia con mucha frecuencia. Nos toca pasar el relevo a nosotros, enviar seminaristas, si Dios quiere, al Seminario, antes que pedirlos. Ello mostrará la madurez y la calidad de nuestra vida cristiana en la Parroquia de Sant Martí.
Que Maria, mare dels sacerdots, ens ajudi a estimar, pregar, valorar i donar.
EL RECTOR
Mn. Joan Carles Montserrat i Pulido


