
Mn. A. Macaya (Diácono)
Yo sé por qué los políticos se han metido con el Papa cuando habla de preservativos: la mayoría son hijos o/y nietos de católicos que rezaban el Rosario y atendían a las palabras del Papa con espíritu filial. Algo se rompió en sus vidas –generalmente en relación al ámbito sexual-, y como la conciencia remuerde, necesitan agredir, reprobar, atacar al representante de Cristo en la tierra.
Pero lo que más sorprende es la audacia que demuestran en su ignorancia. ¿Cuántos enfermos de SIDA han atendido ellos? ¿Cuántas revistas especializadas leen? ¿Qué saben? Nada.
Yo estoy harto de explicarle a gente con la vida destrozada que el preservativo no protege totalmente. Me acuerdo de muchos casos, pero les explicaré sólo el de un chico que vino a verme hace un año por unas manchas en las manos. Me acuerdo que le pregunté si le dolía la cabeza, y me dijo sorprendido que sí, y que estaba pendiente de un scáner. Yo le dije que no hacía falta, porque yo sabía lo que tenía. El pobrecito tenía sífilis, y le había provocado una meningitis. El preservativo no había servido de nada.
Como no sirve en Barcelona, donde a pesar de 30 años de ayuntamiento socialista regalando preservativos, sólo en un centro de enfermedades venéreas, de 10 casos anuales de sífilis en 1993 se ha pasado a 76 casos en 2004 y a 100 en 2008. ¿Por qué los señores del Parlamento no reprueban al ayuntamiento de Barcelona en vez de criticar al Papa?
Los mayores especialistas ya han cerrado el debate: “una educación rigurosa, prediseñada, bien implementada y evaluada no reduce las conductas de riesgo”. Esta es la conclusión de más de 50 estudios en que dando cursos, regalando preservativos, pasando vídeos, etc. ni se reducen las enfermedades de transmisión sexual ni los embarazos no deseados. Uno de esos estudios consistió en pagar a 106 profesores que fueron a 30 escuelas durante 4 meses, impartiendo dos horas semanales de clases de educación sexual a un total de 11000 alumnos de 15 a 18 años. ¿Resultado? Tras todas esas clases, las chicas que recibieron más formación habían recurrido menos al preservativo.
Otro dato: la mejor revista de Dermatología de Estados Unidos publicó un estudio sobre la serie de TV “Sexo en Nueva York” advirtiéndonos a los profesionales de que no hay que engañar a la gente respecto de lo que es “seguro”. El preservativo no lo es. ¿Saben ustedes qué les pasaría a las protagonistas de la serie si fuese real? En los 94 episodios Samantha, Carrie, Miranda y Charlotte tienen una media de unas 30 parejas. Presumiendo que se usa protección, las protagonistas tienen una probabilidad del 63% de contraer el virus del papiloma, un 1% de herpes, un 0.01% el SIDA, etc.
La promoción del preservativo refleja un enorme error respecto a lo que es el hombre. En este sentido, debo decir que la enfermedad venérea más frecuente es la tristeza. El dolor y la angustia de la culpabilidad. El pecado. Saber que has usado a alguien miserablemente. Saber que has traicionado a alguien por un impulso degradante. Todo eso tampoco se previene con el preservativo.
El hombre sin fe ni es libre ni puede amar. Vivir bien la sexualidad “no es posible para el hombre con sus solas fuerzas… se hace capaz sólo gracias a un don… porque lo que exige supera las fuerzas del hombre” (Veritatis Splendor 22-23).
Mn. Antoni Macaya
